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Vaccarezza: Escuela Vucetich

Vaccarezza: Escuela Vucetich

Vaccarezza: Escuela Vucetich

Al cumplirse en la vispera un nuevo aniversario de la Escuela de Policia Juan Vucetich, vale recordar el pensamiento de HUGO ALBERTO VACCAREZZA, de publicacion original el 14 de abril de 1919-


Hugo Alberto Vaccarezza

ESCUELA DE POLICIA 

Quince años, solitario, con dudas existenciales

en las rondas de la plaza, cavilando imaginaba

¿que iría a ser de mi vida?, ¿opaca, sin ideales?

¿cómo quien resigna todo, para quedarse en la nada?

Eran tardes anodinas y de presagios frustrantes

aquellos días lineales, laberínticos, sin puertas

la rebelión de consciencia que emancipa voluntades

movilizó mis ideas, hasta ese momento inciertas.

Por aquél arco de triunfo, un largo día de febrero

me interné en tus entrañas para construir un futuro,

jovenzuelos espectantes, veleidades de guerreros

tomamos el desafío orgullosamente y puros.

Con tendencia hacia el misterio, eran sinuosos caminos

como nuestras ilusiones curiosas del intelecto,

la moral nuestros escudos, cual hidalgos Cervantinos

asumimos la teoría de un mundo nuevo de afectos.

De pronto la vieja estancia, Escuela de Policía

su fantástica fachada con sus añosas palmeras,

el casco y sus portales, la imponente galería

la dirección, la capilla, la fuente con sus leyendas.

La plaza de armas, el mástil y la bandera flameando,

imponente, soberana, libre al viento, inmaculada,

en formación los cadetes, el "Si Juro" iterando,

defenderla con la vida, frente a la artera estocada.

Un colchón de hojas doradas es alfombra imaginaria

el invierno riguroso, ha marchitado las copas que penden de grandes ramas

solo unas flores violáceas, que se abren de madrugada

en las coquetas ventanas, con macetas adornadas.

Ya resuena la trompeta, con su toque de silencio

es la hora del reposo, de resiliencia y lamentos

del examen de consciencia, de fortaleza y esmero

hasta claudicar cautivo, de oníricos mandamientos.

Insomnios y trasnochadas, los duendes que van y vienen,

una pena, una alegría, con la almohada compartidas

debilidad y entereza, lugares que nos requieren

hasta que un toque de diana, avecina el nuevo día.

Un manto blanco nevoso, cubre el verde en la pradera

el sol remolón asoma en las gélidas mañanas

es una ofrenda solemne que alimenta la quimera,

de noveles argumentos y sugerentes hazañas.

Intuyo que no estoy solo sentado en el viejo tronco,

bucólico el paisajismo que invita a la reflexión

criaturas de la nada, seres vivientes del todo

excitante es la armonía subliminal de la unión.

Por el camino a Pereyra, en noches de centinela

serpenteando la espesura de la selva enmarañada,

dejé escapar la nostalgia de aquellas tardes serenas

y unas lágrimas rebeldes por mi mejilla rodaban.

También he llorado al alba, en secreto con la escarcha

que el sol naciente sumía su bella visión plateada

por las cosas que dejé, cuando comencé mi marcha;

a mi pueblo he de volver, a vivir mi última instancia.

¡¡¡Ay madre escuela!!!, me has dado la mayor de tus riquezas;

humildad en la victoria y grandeza en el fracaso,

austeridad en la abundancia, dignidad en la pobreza

indulgencia en el rigor, sabiduría en el ocaso.

¡¡¡Escuela de Policía, Juan Vucetich te proclaman!!!

en tus claustros rigurosos, honor y gloria ganada

grabaste a fuego indeleble las enseñanzas en mi alma,

fuiste noble labradora de una consciencia rectora, en la ética fundada.

Sos la teoría de mi tiempo, el estandarte supremo de mis íntimas batallas,

sos el punto cardinal, desde el cual acabarán las fallidas esperanzas,

eres orgullo y lamento, dignidad desde la que infieles duros golpes te asestaran,

y así en la supremacía del deber ser peregrino, te irás conmigo exultante a la última morada.

HUGO A. VACCAREZZA

   14 de Abril de 2019