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Sindicalizacion policial

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SINDICALIZACION POLICIAL, opinion de un profesional tantas veces consultado por diferentes temas y por distintos periodistas.

Infobae, 5 de agosto de 2019

Nota de opinión: Crimen de Lourdes Espíndola - Exijamos se tomen medidas concretas “Porque siguen prohibidos los sindicatos policiales”; ”Los sindicatos deben ser la voz de los policías que, admitámoslo con franqueza, no tienen voz”

Crimen de Lourdes Espíndola: exijamos se tomen medidas concretas

Bs. As., 5 de ago/18 (Infobae) -El pasado fin de semana fue asesinada por un ladrón que no debía estar libre la policía Lourdes Espíndola. Nos conmovió a todos e increíblemente hizo que el igualmente salvaje homicidio de otra policía, Tamara Ramírez, ocurrido el día anterior, pasara inmediatamente al olvido de muchos.

¿Cuánto durará el dolor por Lourdes en nuestra memoria colectiva? Poco. Ya hemos olvidado a Tamara y a cientos de policías que dieron su vida defendiéndonos, igual que a tantísimos que quedaron con terribles secuelas para siempre.

Seamos claros y definamos si realmente nos importan la vida y la salud de estos servidores públicos, más allá de los primeros minutos del shock y de la efímera eclosión mediática de cada hecho.

Si nos importa en serio, tenemos que exigir que se tomen medidas sustantivas para evitar estas tragedias, la primera de las cuales depende de los jueces: no liberar con ligereza a delincuentes peligrosos, porque casi siempre estos terribles ataques son cometidos por personas que ya habían demostrado su peligrosidad y su desprecio por la vida ajena, sobre todo cuando se trata de vidas de policías, cuyas muertes exhiben con orgullo en el submundo del crimen.

Aterroriza constatar que casi siempre esos psicópatas habían sido liberados por jueces irresponsables, que sin quererlo (espero) les garantizan sus tropelías a costa de nuestra seguridad.

Es un dato objetivo que la relación "preso-habitante" en la Argentina es la mitad que en países hermanos como Uruguay, Brasil o Chile y dudo mucho que se deba a que nosotros seamos más bondadosos y menos delincuentes. Creo no equivocarme si afirmo que el problema es nuestra flagrante impunidad, que el ministro de Justicia, Germán Garavano, viene denunciando que oscila en el 99% de los delitos.

Es una situación inadmisible y con responsables que no son ni los legisladores ni el Poder Ejecutivo: es el sistema judicial, porque son los magistrados quienes tienen que aplicar las leyes y excluir de la calle a quienes nos atacan.

Claro que hay leyes mejorables, sobre todo en materia de prevención del delito y de represión —sí, represión, como dice el Código Penal— de delitos, contravenciones e infracciones menores que está mundialmente comprobado que son los prolegómenos del aumento de la criminalidad en cantidad y gravedad.

La lucha contra el narcotráfico que viene llevando a cabo la ministra Patricia Bullrich y varias jurisdicciones provinciales está mejorando notoriamente, pero nunca podrá impedir el delito ni proteger por completo a quienes nos protegen, porque la cultura argentina de los últimos 40 años ha hecho de las fuerzas del orden un supuesto enemigo público al que abandonamos, dejando que paguen justos por pecadores.

La reconstrucción institucional de las fuerzas armadas y de seguridad no será ni rápida ni fácil, por motivos que van desde lo cultural a lo presupuestario. Pero al menos pueden tomarse algunas medidas inmediatas, porque desde 1983 ya pasaron demasiados años como para seguir revolcándonos en la tragedia de los 70 y haciéndoles el juego a la progresía, atrapada voluntaria y estratégicamente en ese pasado.

Mejoremos sueldos y servicios sociales, para que los policías no deban trabajar tantísimas horas, algo que los agota y expone a ataques nocturnos que casi siempre terminan mal para ellos, desprevenidos, cansados y con un entrenamiento que también debe ser mejorado.

Entiendo que haya restricciones de dinero, pero nadie puede ocultar que se siguen despilfarrando millones en sectores que ni de lejos son importantes, como tantas linduras de algunas jurisdicciones locales, que serían risibles si no fuese un dispendio de nuestro trabajo hecho impuestos.

Debemos corregir las leyes aplicables a la actuación policial para que dejen de ser sospechosos de crímenes que en realidad estaban evitando.

Y debemos estudiar el tema de los sindicatos policiales. ¿Por qué siguen prohibidos? Países del primer mundo los admiten. Algunos alegan que la sindicalización dará amparo a las mafias, pero creo que las mafias no necesitan de la organización sindical legal y transparente para medrar. Por el contrario, los sindicatos podrán proteger a los policías serios, los que se juegan la vida cotidianamente con poco entrenamiento, pocos medios y con miedo a defenderse porque si salvan su vida a costa del delincuente que los ataca, van presos y sufren la hostilidad del sistema judicial.

El sindicalismo no es ni bueno ni malo: eso depende de quiénes son sindicalistas y del inmenso error de haberles dado el manejo de las cajas de obras sociales.

Bastaría que los sindicatos policiales fueran regulados mejor que los malos ejemplos que ya tenemos en otros sectores, impidiendo la eternización en los cargos y la corrupción. Imitemos a los países que tienen éxito en esta difícil materia.

Los sindicatos deben ser la voz de los policías que, admitámoslo con franqueza, no tienen voz.

Por Alejandro Fargosi

(El autor es abogado y ex integrante del Consejo de la Magistratura del Poder Judicial)